dialets

martes, diciembre 12, 2006

4. Díalogo 4. Caminos resueltos.

Extraterrestre: Esta no es mi historia. solo la conocí y la hice mía por algo que aprendí de ella. No recuerdo cuando leí este cuento, ni quién lo escribió, pero su título bien podría ser: LA TORTURA DE LA LIBERTAD y trata de un prisionero de guerra confinado a un calabozo y sin esperanza ninguna de recuperar la libertad. Su país había perdido la guerra, no tenía familia ni amigos y nadie se preocuparía de reclamarlo. sus carceleros trataron de quebrarlo. Lo torturaron de todas las maneras inimaginables, pero él era un luchador y resistió a todo lo que le hicieron. Los carceleros tuvieron que reconocer su fortaleza, su voluntad de resistir y se dieron cuenta de que no podrían someterlo porque no tenía esperanzas. No tenía nada ni nadie, ni una mísera luz en su horizonte.

Un día, encuentra la puerta de su calabozo sin cerrojo. Intenta abrirla y ésta cede. La cierra rápidamente, temiendo una trampa, un ardid para asesinarlo pretendiendo una fuga. Luego de un rato y después de muchas cavilaciones, decide intentarlo. Abre la puerta y se desliza sigilosamente por los pasillos hasta el próximo obstáculo que también logra salvar con éxito. Puede evadir guardias y salvar muros y puertas, hasta que al fin, se encuentra con la última puerta. La que da hacia afuera, hacia la libertad. Ésta está muy bien cerrada, pero luego de muchos esfuerzos consigue abrirla. Está a punto de salir y ser libre, cuando . . . repentinamente se encuentra rodeado de guardias armados. Aún sin someter su ánimo, se prepara para morir con entereza, pero nadie le hace daño. Sólo lo toman y lo llevan de vuelta a su celda.

Entonces se quiebra. se somete, pierde toda ilusión. Finalmente, se da cuenta de lo que sucedió. Pudo, en medio de la niebla de sus emociones, darse cuenta de que sus carceleros habían reconocido que su fuerza derivaba en gran parte de que no tenía ninguna esperanza y decidieron darle una. La mayor esperanza, la más ansiada por él: La esperanza de la libertad y cuando estaba a punto de obtenerla, se la quitaron. Su luz llegó demasiado tarde ya se había sometido.

Terrícola: Ya entiendo. La historia se llama caminos resueltos porque . . .

miércoles, enero 04, 2006

3. Diálogo 3. Zeus o Prometeo: elección de un guía.

Extraterrestre: Zeus reina en el olimpo de la ciencia. Así como el fin último de la ciencia es el beneficio de la humanidad, el fin de todo reinante es el bienestar de aquellos por sobre los cuales reina. Sin embargo, en ocasiones, en alguna parte de esa cadena que comienza en el reinado y termina en el beneficio, algún eslabón se rompe y el reinado se convierte en un fin en si mismo. Llaman a eso la confusión del fin y los medios y la asocian al dinero, al poder, al trabajo, etc. Aquellos a quienes debe beneficiar se convierten no solo en seres olvidados, sino también despreciados y molestos. Es el perfil de Zeus, padre de la creación, y no conforme con eso, padre de los dioses. Mal genio, cascarrabias, todopoderoso pero no exento de pasiones y vicios humanos; tiene problemas emocionales y sentimentales. Está prendado de su actividad creadora como reinante omnipotente y no considera otra actividad como lícita y digna de su persona.

Prometeo, el titán se compadece de la creación. Considera un defecto que esté solo constituida por seres superiores, añora un mundo más completo. Crea a los hombres los respeta y los considera dignos de apoyo. Se preocupa de darles la luz, de formarlos. Así como Hades, el herrero forja objetos, Prometeo, el titán, forja hombres. Su premio: vivir para siempre encadenado siendo su hígado eternamente devorado por un buitre. Su pecado: haber arrebatado la luz del carro del sol, propiedad, como todo, del omnímodo Zeus. Ambos son necesarios en la creación. Toda la sociedad es obra de dioses y titanes. Sin Zeus, Prometeo no habría tenido la oportunidad de crear al hombre e iluminarlo. Sin Prometeo, Zeus no habría tenido sus huestes humanas sobre las cuales ejercer su reinado y a quienes recelar dando cauce a sus pasiones humanas.

He visto muchos científicos (reales y seudo científicos) con perfil de Zeus. Reinan todopoderosos en sus alturas. Adoran la frialdad de su ciencia. Crean y creen en su creación, pero no se rebajan a crear ni a iluminar hombres.

Tienes que cuidar, entonces, al momento de elegir, escoger un guía que tenga más vocación de Prometeo que características de Zeus. Te parece conocido el perfil de un ser sabio, en el tope superior de su actividad, tremendamente capaz de lidiar con ideas y estructuras abstractas, pero liado tremendamente en lo personal, presa de sus problemas emocionales y sentimentales?

El perfil de aquellos a quienes puedo llamar amigos es el de Prometeo. Su actividad es de esfuerzo y de sacrificio. La ciencia que hacen no es fría y distante. Tiene presente el fin del beneficio de las personas y de aquellos a quienes forman. Han tomado la actividad de Zeus sin olvidar la vocación de Prometeo. Esta es una corriente que debes seguir en tu propio beneficio y en el de los demás.

Terrícola: Buscaré a Prometeo. Esta bien si detrás de él se esconde un Zeus, siempre que no haya roto un eslabón de la cadena que termina en el beneficio humano, siempre que no haya perdido su vocación de Prometeo. A la hora de la elección, creo que no tengo alternativa.

2. Diálogo 2. Un oasis en el tiempo

Extraterrestre: Esta es una elucubración en tres partes con un apéndice conclusivo.

PARTE 1: LAS DIMENSIONES
Alguna vez dije, y aún no sé si fue enserio o en broma que los humanos son seres unidimensionales habitando un mundo bidimensional y viviendo el delirio de creer comprender tres dimensiones. Creo que, cierta o falsa esta percepción, algo muestra de la naturaleza humana y del entorno en que vivimos, así como nuestra relación con este entorno. Hablamos con gran desparpajo de volúmenes y tres dimensiones, cuando en nuestra percepción natural, en realidad nos cuesta entenderlo. Nos despegamos del suelo una fracción mínima del espacio que ocupa nuestro entorno, cuando queremos usar todo el espacio que nos rodea, en general no usamos el volumen tridimensional, sino que planos y corredores espaciales, esto es secciones de dos, incluso de una dimensión. Sabemos que nuestros órganos vitales ocupan espacios tridimensionales, pero los entendemos mayormente por funciones lineales o por secciones planas bidimensionales. Nuestros sentidos, aquellos que tienen que ver con el entorno, son direccionales, esto es, fundamentalmente lineales. La vista proyecta un espacio tridimensional en un plano en la retina, pero todo en una dirección, la de la línea focal, esto es unidimensional. La estereovisión, principalmente dedicada a determinar distancias, hace que la función sea principalmente lineal, mas que bidimensional. Con el oído sucede algo similar. Tenemos una detección acústica lineal. La estereofonía tiene el mismo propósito que la estereovisión. Detección de dirección, esto es, linealidad, distancia sobre una recta. Undimesionalidad! La percepción más básica de nuestro entorno es, en consecuencia de 1 dimensión aunque nos movamos sobre un plano que aunque irregular, es básicamente bidimensional. Pero adoramos la tercera dimensión. Es el objeto de nuestros esfuerzos, nuestro delirio. Primero miramos las estrellas. Luego volamos. Después avanzamos a movernos hacia los espacios interestelares. Y creemos que la entendemos.

De nuevo, no importa si las aseveraciones anteriores son ciertas o falsas. El tema de las dimensiones es fascinante. De hecho, si nos esforzamos un poco podemos entender cinco dimensiones cuatro espaciales y una temporal aunque sea en un nivel puramente intelectual. Entre las espaciales, contamos el largo, ancho, alto y la curvatura del espacio (por darle un nombre) que nos ofrece una vaga percepción de una cuarta dimensión espacial que apenas podemos imaginar. Percibimos el tiempo como un fluir continuo a lo largo de una línea, lo que equivale a percibir una dimensión temporal. No importando lo completo que pueda ser el modelo que nos ofrece la mecánica relativista, esta percepción es puramente intelectual y no llega a nuestros espacios emocionales o a nuestras percepciones integradas. Tres dimensiones espaciales estrechamente entrelazadas, una cuarta superpuesta en forma de envolvente y una dimensión temporal separada de las espaciales. Esta es nuestra percepción como personas, como género humano, como humanidad.

PARTE2 : LAS PERCEPCIONES
Si hablamos en términos de modelos abstractos, hechos solo para la mente, pero no para el espíritu, cualquier espacio vectorial tiene el número de dimensiones que queramos. Definimos con toda arrogancia espacios multidimensionales, incluso álgebras para espacios de infinitas dimensiones. Pero claro, solo tenemos que entenderlos y eso es siempre más fácil. No tenemos que percibirlos ni asociarlos al universo ilimitado que se ofrece a nuestros sentidos limitados. Las dimensiones pertenecen al conjunto los elementos fascinantes que nos ofrece el universo y que no siempre somos capaces de captar en toda su magnitud y en toda su belleza. Nunca he podido comprender porque nos enseñan siempre a asociar un número fijo y pequeño de dimensionas al universo que nos rodea. Parece ser que nos empeñamos en generar un entorno que nos impida entender toda la extensión y toda la belleza abstracta del universo que se nos antoja concreto. No es necesario quedarse con las tres o cuatro dimensiones. Ha habido intentos de mostrarlas a nivel emocional. Marc Chagall, a comienzos del sigo 20, hace más de 100 años mostraba figuras humanas en una dimensionalidad irreal que nada tenía que ver con la del mundo racional. Las catedrales de Lionel Feininger, escapan completamente a nuestra percepción dimensional limitada. Ensalzan la grandeza del universo. Picasso, Braque y otros cubistas escapan claramente a las limitaciones de las tres dimensiones mostrando figuras desde perspectivas que están vedadas a nuestros sentidos amarrados a la lógica que arbitrariamente llamamos natural. En otro orden de percepción artística, la casi obsesión de Borges con el infinito espacial y temporal fuera de la definición estrecha de las dimensiones físicas abre una puerta a otras percepciones mas amplias y más integradas (me refiero, por ejemplo a “El aleph”, todos los puntos del punto). Donde muchos escritores desarrollan sus historias en forma lineal, Cortázar nos muestra filigranas, rombos, elipses e hipérbolas en lugar de líneas. La continuidad plana y simple pierde toda su simplicidad y toda su linealidad en “Rayuela” para torcerse, avanzar y retroceder al arbitrio del destino y de la percepción del lector. La apariencia engañosa de linealidad del túnel de Sábato abre miles de puertas a dimensiones vitales. La explosión cósmica de Maugham en “Servidumbre humana” nos toca con su aparentemente simple paradoja de “gracias a Dios que soy ateo”. Dostoyewski escarba en el alma humana con un numero insospechado de perspectivas, siendo cada una de estas perspectivas una dimensión con vida propia. Beethoven se ríe del mundo a pesar de su trágica vida, escondiendo joyas musicales, en sus obras, siendo cada una de estas gemas, una puerta a muchas dimensiones que muchas veces pasan desapercibidas por lo obtuso de una reverencia irracional a un genio que merece una apreciación tan irreverente como lo era el mismo. Toda su obra tiene dos planos dimensionales: el plano que él estructura y que todo el mundo se toma en serio, y el plano propio en el cual se ríe del mundo que lo toma en serio (ver el testamento de Heiligenstadt). Cada uno de estos planos es multidimensional. Bartok describe también filigranas y líneas conexas e intrincadas, Hindemith desarma la estructuración convencional de la escala musical y genera una nueva más libre, sin ponderaciones anquilosadas. Dave Brubeck y Kart Orff redimensionan los ritmos, cada uno a su propio arbitrio. Y Arnold Schoenberg, y Karl Heinz Stockhausen y Luciano Berio y Alois Bernd y Salvador Dalí e Ives Tanguy y . . . . . Todos ellos tienen algo en común. Nunca les preocupó la definición científica de las dimensiones, pero captaron toda la magnitud y en toda la belleza descriptiva de las dimensiones múltiples o de las percepciones con un número infinito de dimensiones, cada una de contenido infinito, todo esto sin siquiera querer mencionar al Cantor transfinito o al Einstein relativista. Estas percepciones avanzadas, nos permiten vislumbrar un mundo más amplio, más libre con menos trabas. Un mundo en el que es más fácil entender el universo. No quiero despreciar la ciencia, mucho menos las matemáticas. Estas representan para mí uno de los lenguajes más fascinantes, pero quisiera criticar el uso que hacemos de ellas para mostrar el mundo a las siguientes generaciones, el uso incompleto, segregado, desagregado, carente de belleza. Hay toda una labor de enseñanza que hacer en este ámbito. ¿La desigualdad triangular de Cauchy Schwarz bailando con Dostoyewski al son del concierto para violín de Hindemith? ¿Un espacio vectorial escuchando cantar a Edgar Allan Poe mientras cae por su adorado Malström? Tal vez sea más absurdo decir que es imposible, que imaginárselo sucediendo. Los pedagogos están despertando. Cuando logren despertar (si los dejamos), nos despertarán a las almas adormecidas que preferimos el mundo uterino de la lasitud finitodimensional incompleta.

Parte 3: EL TIEMPO
El tema que realmente me preocupa es la distorsión perceptiva que provoca la visión de una sola dimensión temporal del fluir del tiempo en una línea continua. Pasamos del pasado - una semirrecta - a través del presente – un punto- hacia el futuro - otra semirrecta - para hacer un paralelo con las dimensiones espaciales Creo que esta percepción ni siquiera es consistente con nuestro quehacer natural. Tomamos, en nuestra vida cotidiana decisiones en base a lo que sabemos por haber vivido el pasado y en base a lo que pueda suceder en un futuro que no hemos vivido aún. Si hacemos algo o lo dejamos de hacer es porque puede tener consecuencias positivas o negativas sobre nuestra vida. Pero no hemos vivido esas consecuencias. Hacer esto, mezclar el pasado con el futuro y fundirlos en el presente no es posible en una única dimensión temporal. Entonces, en realidad inconscientemente percibimos más de una dimensión temporal. No me preocupa, ni nunca me preocupó cuantas dimensiones tiene realmente nuestro universo. En otra percepción de él diferente de la nuestra, el concepto de dimensión tal vez ni siquiera tenga sentido. Lo que me preocupa es nuestra percepción de él y que ésta no sea restrictiva para que las generaciones que nos suceden puedan acercarse cada vez más a una comprensión de él y a través de él, a una mejor comprensión de las mismas personas. Sobre todo me preocupa que no sea restrictiva para nosotros mismos.
Si somos capaces de percibir al menos dos dimensiones temporales, seremos capaces de abrir puertas a otros mundos. Transferiremos elementos desde el conjunto de lo “intrínsecamente imposible” al de lo “ahora posible”. Esos elementos serán nuestras propias acciones, que liberadas de las trabas de las percepciones restrictivas podrán vencer leyes inexistentes. Si sólo somos capaces de percibir el universo en forma realmente multidimensional . . .

APÉNDICE CONCLUSIVO: EL OASIS
Si entendemos el tiempo al menos en dos dimensiones, podemos hacer un bucle temporal. Tomar una parte de una línea en la primera dimensión temporal, estirarla, doblarla y usar este escape del tiempo como un oasis, un refugio para hacer lo que queramos como queramos, independientes del resto del mundo, no influido por él ni influyendo sobre él. Libres, independientes, autónomos. Solo por el hecho casi heroico de entender la segunda dimensión temporal.

Terrícola: Dime si no te gustaría . . .

martes, enero 03, 2006

1. Diálogo 1. La distancia

Extraterrestre: Hablemos de las distancias. Supongamos que quieres viajar a Alfa Centaurii, a cerca de cinco años luz de distancia, o tal vez más lejos, al Alfa Scorpii que, a sus quinientos años luz de nuestro planeta lleva el precioso nombre de Antares o anti Ares, el opositor a la guerra, al dios de la guerra Marte o Ares (lo cual en realidad no tiene ninguna importancia, más allá de la belleza estética del nombre). Supongamos que eres más osada y que quieres llegar a los confines del universo, a visitar a los quasares en el límite con el fin del mundo (esta vez el fin físico) a cinco o diez mil millones de años luz (que bien se ve escrito en letras). Probablemente te encontrarás con un problema. La distancia. Porque simplemente no es posible viajar esas distancias y vivir para contarlo.

Sin embargo, si miras con detención el problema, aparecen algunas aristas hasta ahora ocultas. Primero, si puedes viajar a la velocidad de la luz, puedes ir a dar una vuelta a Alfa Centaurii y volver a contarlo. Claro, llegarás 9 años (en nuestra cuenta) más vieja, pero que diablos, el viaje valía la pena después de todo. Ya que te importa algo la edad, puedes restarle el descuento que te otorga la mecánica relativística (ya que gozas de la ventaja de saber algo de física) y tendrás una edad pasable. Pero aún con ese descuento, viajar a Antares se hace una empresa imposible. Aunque llegues de regreso con la misma edad (por esas vueltas Einsteininas del universo), vendrás a contar historias de hace mil años a la sociedad terrícola, que probablemente ni recuerde que alguna vez te fuiste ni se interese en escuchar tu historia. Tal vez en el intertanto llegaron a Antares antes que tú y todo tu viaje habrá perdido sentido (por esas vueltas de la civilización). Y después de esta experiencia, ni pensar en visitar esos maravillosos objetos quasi estelares en los quasi confines del universo quasi conocido.

Tal vez te vayas dando cuenta de que en realidad el problema no es la distancia, si no que es una combinación de distancia y tiempo o de distancia y velocidad o de velocidad y tiempo. Como siempre en las relaciones matemáticas que modelan nuestro universo, cundo tienes casi todas las variables, la última queda definida como variable dependiente de las demás. En este caso, la relación entre velocidad, espacio y tiempo es la que resuelve este intrincado problema de viajar muy lejos y volver a contárselo a las personas que te vieron partir y que tenga sentido par ellas.

La velocidad está, por lo que sabemos limitada por la velocidad de la luz. El tiempo no es en este caso el tiempo físico en sí, ese que puede ser lineal o formar un lazo que te permita vivir un oasis. El tiempo, en este caso, el tiempo de viaje, tiene una limitante dada por nuestra longevidad (o corta vida comparada con la edad del universo) que es la variable de verdadero interés.

Entonces, podemos resolver el problema sin considerar la distancia. Si nos desarrollamos como género humano en un sentido que nos permita vivir miles de millones de años, podremos viajar a los confines del universo y volver para contárselo a nuestros amigos que aún estarán allí después de diezmil, veintemil o treintamil millones de años. Eso, si resolvemos el problema del tiempo por la vía de la longevidad, lo que implica un desarrollo basado en las ciencias humanas, biológicas, sicológicas y sociales.

Si, en cambio, preferimos desarrollarnos como sociedad tecnológica, nuestra solución sería desarrollar la ciencia y la tecnología que nos permitan viajar a velocidades mucho mayores que la de la luz. Con eso podríamos ir rápidamente a visitar ese quasar que tanto añoramos, registrar sus señales y volver al cabo de algunos meses o pocos años a mostrárselo a nuestros vecinos, amigos, parientes, etc. Claro que siempre podemos considerar la opción de desarrollarnos como sociedad equilibrada (lo que sea que esto signifique) y desarrollar métodos de viaje más allá de la velocidad de la luz, pero no extremos, paralelamente, además, desarrollar métodos de vivir millones de años. Entonces aún podríamos dar un paseo por el patio de quasares y volver al cabo de miles o pocos millones de años a contarles la historia a los amigos que nos despidieron al iniciar nuestro viaje y que aún nos recordarían. Todo esto es teoría, pero hay teorías posibles y teorías imposibles. Dentro de las imposibles está la de disminuir la distancia que es en este caso inmutable. Y si por alguna retorcida teoría pudiéramos hacerlo, el problema pierde todo sentido. La solución por la vía de la distancia se transforma entonces en una de dos alternativas. Una tautología de la imposibilidad o una paradoja autodestructiva. Las otras son plausibles. No inmediatas, pero plausibles. Alargar nuestra vida o aumentar la velocidad de viaje, son sueños de hoy.

El problema, entonces, definitivamente no es la distancia. Solo lo parecía inicialmente. Veamos la moraleja de esta historia. Odio las historias que tienen moraleja. Se dan aires de superioridad, son displicentes, levemente cínicas y generalmente interesantes hasta que la enseñanza que contienen las convierte en vulgaridades. Pero no puedo evitar que esta historia, aunque inventada, tenga una enseñanza. La enseñanza es que hay que mirar dos veces. Así como inicialmente parecía la distancia ser el problema y resultó que en realidad era una combinación de otros dos factores como velocidad y tiempo, que incluso actúa en forma derivada en el contexto de la longevidad. No es conveniente, bajo ningún aspecto establecer como factor de éxito la manipulación de un factor inmutable. No podemos resolver un problema tratando de cambiar algo inmutable. Entonces, lo que nos enseña el universo, para nuestra propia vida, es a buscar los verdaderos caminos de solución, que casi nunca son la manipulación de una única variable, sino el saber encontrar cual es la combinación de factores que nos llevará al éxito.

Pero - siempre un maldito pero - la historia nos enseña a mirar dos veces. Entonces, una vez que hemos establecido que no es la inmutable distancia, el problema, descubrimos que una vez más, nuestros sentidos nos engañan. Si doblamos el espacio, por el simple truco de manipular una cuarta o quinta o sexta dimensión espacial (y no tiene porqué ser un número finito), el punto de llegada, originalmente a miles de millones de años luz, está un tiro de piedra y no necesitamos ni longevidad ni grandes velocidades.

Terrícola: ¿Qué lío no?

domingo, enero 01, 2006

0. Diálogo 0. La palabra.

Extaterrestre: La palabra escrita se cuenta entre las más efectivas armas de destrucción masiva que haya inventado la humanidad.

Terícola: ...pero también entre las herramientas más poderosas para construir mundos.